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  • María Belén Gómez

Cómo funciona la red móvil



La red móvil


Mucha gente utiliza un teléfono móvil, ya sea un moderno smartphone o un antiguo "teléfono móvil", pero pocos se preguntan cómo funciona realmente. Parte de la respuesta a esta pregunta está en el nombre del objeto en cuestión: teléfono móvil.


Ciertamente, el objeto puede definirse como un teléfono, ya que sirve para transportar nuestra voz a distancia ("teléfono" se compone, de hecho, de las palabras griegas tèle, que significa "lejos, a distancia" y phonè, que significa "sonido, voz"), pero ¿por qué se añade el término "móvil" a esta palabra?


Es fácil decirlo, el término se refiere al tipo de tecnología que permite que nuestro terminal móvil funcione: sólo dividiendo el territorio en "células", a menudo parcialmente superpuestas, es posible proporcionar el servicio de comunicación móvil que todos utilizamos.


Para que la comunicación móvil funcione correctamente, nuestro terminal debe estar conectado a la red y esta conexión no debe verse perturbada o interrumpida por el hecho de que estemos en movimiento.

La mejor solución que se ha encontrado para que estas dos características se cumplan siempre (o casi) es implementar una red de antenas organizadas según un esquema de "celdas", no muy diferente a la típica estructura, aunque sólo en dos dimensiones, de una colmena.


¿Por qué se llama "red celular"?


Una red celular típica está formada por un esquema de celdas contiguas, cada una de las cuales contiene una antena de radio capaz de conectarse a los terminales móviles y mantener la conexión activa, al menos dentro de una cierta distancia.


Es intuitivo entender que la intensidad y calidad de la señal se degrada proporcionalmente a la distancia de la antena. Prácticamente todos los teléfonos móviles del mercado disponen de una función (las famosas "muescas") que nos informa continuamente de la intensidad de nuestra conexión con la antena de referencia.


Por regla general, todo terminal móvil se conecta a la antena que está más cerca de él en línea recta. En este caso, se dice que el terminal móvil está en una de las celdas presididas por esa antena. En realidad, cada célula puede tener dimensiones y formas variadas, incluso muy diferentes del hexágono. De hecho, cada celda, es decir, la porción de espacio subtendida por una determinada antena, se caracteriza porque no hay otra antena más cercana que la de referencia.


Así pues, cuando nos desplazamos hacia el borde que separa dos celdas contiguas, lo que ocurre es que nos dirigimos hacia una zona en la que al menos dos antenas diferentes son equidistantes de nosotros. Una vez que hemos cruzado el borde y hemos pasado a la celda contigua, la nueva antena que preside la nueva celda se conectará a nuestro terminal móvil, aplicando la regla general expresada anteriormente. En general, estar conectado por una nueva antena implica estar desconectado de la antigua antena, aunque en algunos casos, dependiendo de la tecnología de la red y del tipo de terminal móvil en uso, esto puede ni siquiera ocurrir, lo que nos permite aprovechar la redundancia en la conexión en beneficio de la estabilidad de la comunicación y la velocidad de navegación.


Sin embargo, existen otros casos en los que la regla de conexión a la antena más cercana se rompe y por tanto nuestro terminal se encontrará conectado a una antena diferente a la más cercana. Algunos ejemplos pueden ser el hecho de que una determinada antena esté congestionada debido a la presencia de demasiados terminales móviles dentro de la celda que cubre (caso típico: grandes concentraciones de personas como conciertos, eventos, etc.) o la presencia de obstáculos naturales o arquitectónicos que impidan o en todo caso deterioren la conexión con la antena más cercana, haciendo preferible la conexión con una antena más lejana pero con una línea de visión más clara.

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